Paciente femenina de aproximadamente 34 años acude a consulta preocupada por la presencia de surcos nasogenianos marcados, asociados a una pérdida progresiva de volumen y soporte en el tercio medio facial, lo que le generaba un aspecto de cansancio y envejecimiento que no correspondía con su edad. Su objetivo principal era suavizar estas líneas y recuperar la armonía del rostro, buscando un resultado natural que respetara su expresión. Tras la valoración médica, se identificó que el abordaje debía centrarse en restaurar el soporte estructural y mejorar la calidad del tejido en la zona tratada. Se realizó infiltración de ácido hialurónico mediante una técnica precisa y controlada, adaptada a la anatomía de la paciente, con el objetivo de integrar el producto de forma homogénea. El resultado fue una notable suavización de los surcos nasogenianos, con una mejora visible en la uniformidad del tercio medio facial y un aspecto más descansado, manteniendo en todo momento la naturalidad del rostro. Este caso refleja la importancia de un tratamiento personalizado, donde la planificación médica permite obtener resultados equilibrados y acordes a cada paciente.