Paciente masculino de aproximadamente 36 años acude a consulta refiriendo una apariencia de enfado persistente debido a la marcada presencia de líneas de expresión en la zona del entrecejo al gesticular, lo que afectaba a su imagen personal y a cómo era percibido en su entorno profesional y social; su objetivo era suavizar estas arrugas manteniendo un aspecto natural y masculino sin perder expresividad. Tras una valoración médica detallada, se identificó una hiperactividad de los músculos responsables de esta expresión, por lo que se planteó un tratamiento con toxina botulínica enfocado en relajar de forma selectiva la musculatura implicada. El procedimiento se realizó mediante microinyecciones precisas, con una técnica adaptada a su anatomía facial, buscando un resultado equilibrado y progresivo. A los 15 días, se observa una clara suavización de las líneas de expresión en el entrecejo y la región frontal, manteniendo la naturalidad del rostro y una expresión más relajada. Este caso refleja cómo un enfoque personalizado y médico permite mejorar la apariencia sin alterar la identidad del paciente, logrando resultados discretos y acordes a sus expectativas.