Paciente masculino de aproximadamente 46 años acude a consulta preocupado por la presencia de líneas de expresión marcadas en la zona del entrecejo, especialmente visibles al gesticular con expresión de enfado, lo que le confería una apariencia más seria o tensa de lo habitual y no alineada con su personalidad; su objetivo era suavizar estas arrugas y mejorar su imagen sin perder naturalidad ni expresividad. Tras una valoración médica individualizada, se identificó una hiperactividad de los músculos corrugador y prócer como responsables de estas líneas dinámicas, por lo que se planteó un tratamiento con toxina botulínica orientado a relajar de forma selectiva la musculatura implicada. El procedimiento se realizó mediante microinyecciones precisas en puntos estratégicos, ajustando la dosis según su anatomía y patrón de contracción muscular, con el fin de conseguir un resultado armónico y progresivo. A los 15 días, se aprecia una clara suavización de las líneas en el entrecejo, con una expresión más relajada y un aspecto rejuvenecido, manteniendo la naturalidad del rostro. Este caso pone en valor la importancia de un enfoque médico personalizado, donde cada tratamiento se adapta a las necesidades del paciente para lograr resultados equilibrados y acordes a su identidad facial.