Paciente femenina de aproximadamente 60 años acude a consulta preocupada por la presencia de líneas de expresión marcadas en la zona del entrecejo, especialmente visibles al gesticular o fruncir el ceño, lo que le aportaba una apariencia de enfado que no correspondía con su estado emocional; su objetivo era mejorar su imagen y suavizar estas arrugas manteniendo la naturalidad de su rostro. Tras una valoración médica personalizada, se identificó una hiperactividad de los músculos responsables de estas líneas dinámicas, por lo que se propuso un tratamiento con toxina botulínica enfocado en relajar de forma controlada dicha musculatura sin alterar la expresión. Se realizó una única sesión mediante microinyecciones precisas en puntos estratégicos, logrando, a los 15 días, una notable atenuación de las líneas de expresión, con una piel más uniforme y una mirada visiblemente más relajada. El resultado respeta la fisonomía de la paciente, aportando frescura sin rigidez, reflejando la importancia de un enfoque médico individualizado que prioriza la armonía facial y la naturalidad.