Paciente masculino de aproximadamente 29 años que acudió a consulta preocupado por la aparición de líneas marcadas en la zona de las patas de gallo, especialmente visibles al sonreír, lo que le generaba un aspecto más cansado o envejecido del que deseaba proyectar; su objetivo era mejorar la apariencia de esta zona sin perder naturalidad en la expresión facial. Tras la valoración médica, se identificó la presencia de arrugas dinámicas asociadas a la contracción muscular repetida en el área periocular, por lo que se planteó un tratamiento con neuromoduladores enfocado en relajar de forma selectiva la musculatura responsable. El procedimiento se realizó en una única sesión mediante microinyecciones precisas, logrando una atenuación progresiva de las líneas de expresión; el resultado fue una piel más lisa en reposo y una reducción visible de las arrugas al sonreír, manteniendo en todo momento una expresión natural y armónica. Este caso pone de manifiesto cómo un tratamiento bien indicado y personalizado puede ofrecer una mejora estética sutil, respetando la identidad facial del paciente.